Las Liturgias de la (mi) vida

Las Liturgias de la (mi) Vida

Sin duda una de las experiencias más excelsas de la vida cristiana, y particularmente de la Católica, es la liturgia de la Eucaristía. Conforman la vida del cristiano, pues ella es ciertamente “fuente y cúlmen de la vida cristiana”.

Cómo no recordar las imágenes infantiles de mi Parroquia de Chacras de Coria, Mendoza, cuando con el gesto adusto del padre Juan (que contrastaba con lo dicharacrero y alegre en las reuniones familiares) con buen y voluminoso reto te hacía quedar mudo y quietito al ladito de tus padres… y las del Padre Daniel, de paciente espiritualidad salesiana, haciéndose cómplice de nuestros juegos atrás de las columnas mientras nuestro inmenso Dios se hacía presente en la forma consagrada. Menos aún las liturgias del Padre Viglino y del “grupo Nazareth” (antecedente de las CEBs?) de“el Zapallar”, adelantándose a la reforma litúrgica, los más pequeños ya gozábamos de poder mirar al celebrante de frente, y también sus homilías que miraban de frente a la realidad.

 

No poca importancia adquirieron también en mis primeros caminos espirituales los desayunos de chocolate y medialunas preparados por Lidia, hermana del padre Mattedi en la Parroquia de San Nicolás, luego de la Misa dominical de 8,30 De rigurosa sotana roja y roquete blanco recién planchado por mi madre, era tan importante como el cura, porque si no pasaba el Misal de uno al otro lado (potenciado por el esfuerzo de mi pequeño peso y baja altura… -es que los altares era cosa de “grandes”-) y por elevar la casulla en la consagración y por contestar en latín y otros tantos menesteres, era de dudar que el milagro de la Consagración surtiera efecto.

 

¿”Fueron a Misa”? era la recurrente pregunta de los domingos por la tarde a eso de las 19hs para no llegar tarde a la Misa de 20 hs si es que no habíamos compartido familiarmente tal vez a causa de alguna salida de dudosa coherencia cristiana y consiguientemente merecido descanso. Y aunque no tuvieramos gusto ni ganas debíamos asociarnos al humano sentimiento que más allá de todo, nunca debiéramos de perder el inmenso don de sentirnos hijos de Dios. Pedir perdón si cabía, dar la paz al de al lado si éramos capaces de darla, comulgar espiritualmente si no había otra posibilidad y poner las cosas en regla si era el caso. Pero sobretodo, nunca alejarnos de Dios y… ese era el modo.

 

La liturgia cotidiana de la época de la formación de ideales encontraba una profunda ratificación de la antigua verdad “lex orandi, lex credendi”. Homilias claras, guiones profundos, cantos apropiados, donde la unidad liturgia-vida era parte del pan cotidiano que el Señor debía darnos hoy. Epoca donde la virtud de la esperanza era profusa y los ideales asibles; donde había también lugar para la crítica certera de las incoherencias de una civilización occidental y cristiana, derecha y humana, que ocultaba violencia creciente y despiadada. Epoca donde la Doctrina y la Biblia podían dar pie a la mayor solidaridad y también a los atropellos más atroces. Y sin embargo, Palabra y la Liturgia, libre de ámbos extremismos, iluminaron la vida de cuantos la hacieron trascendente: “No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del mal.”

 

Otros tiempos litúrgicos han añadido otras tantas experiencias afirmantes y fundantes de la propia espiritualidad normalmente en expansión: las liturgias en pequeños grupos, generalemente de religiosos o religiosas, y sin más ornamentos que el corazón abierto…; o en “villas” donde el lenguaje litúrgico se hace sencillo contrastastando con la complejidad de situaciones humanas sin respuestas humanas; las procesiones, cuando la fe se hace pueblo peregrino caminando a la eternidad y el sentimiento de fraternidad universal se hace palpable, y donde las tradiciones populares hacen mezcla ecléctica con la fe cristiana que nunca llega a digerirlas del todo para una nueva síntesis cultural… ¡Cuanta sabiduría la del Concilio Ecuménico Vaticano II al plantearse todas éstas situaciones y ensayar nuevas respuestas para que los gozos y esperanzas de los pueblos sean los gozos y esperanzas de la Iglesia! Y parecía cerca de llegar la reivindicación de los ritos chinos del P. Ricci…

 

Otras geografías culturales terminan este cuadro: ¡que majestuosidad la del Barroco de la Iglesia del Jesús en Roma y qué impresionante su barroca liturgia! ¡O la de San Agustín en París con su coro alto, su coro bajo, su director de coro haciendo participar a toda la Asamblea que reza cantando! ¡Cuánta alegría, armonía y compenetración cultural de la fe en la Universidad de San Anselmo, también en Roma, en la que los ritmos africanos expresaban la alabanza como pocos podríamos con los nuestros! ¡Y la Liturgia Vaticana, en la que se expresa la unidad de la fe y la riqueza universal del seguimiento de Jesús. ¡Qué sencillez la de la Basílica de San Bernardo, en la que el blanco de las altas paredes con pequeñísimos ventanales nos dicen en cada centímetro y en cada minuto que solo Dios es lo único necesario! ¡Cuánto ha modificado en mi vida la riqueza de la Misa Criolla y particularmente la “Misa por la Paz y la Justicia” de Ariel Ramírez y Osvaldo Catena! ¡Y a la Pato Guerra que convirtió nuestra espiritualidad mercedaria en canto y en síntesis que se destaca! ¡Que hermosas las preparadas Misas de las Vigilias de Navidad y Pascua de León XIII, en las que verdaderamente se sentía el calor y color de lo comunitario! ¡Y cuánta alegría cuando alumnos del Bachillerato alababan en el “Gloria” con danzas folclóricas o con otras expresiones bellísimas la grandeza de un Dios que se relaciona en lo íntimo y en la liturgia con los humanos, así como somos y con lo que tenemos a mano para expresarle nuestra vida y amor!

 

Doy ¡Gracias a Dios!, en el aniversario número veinticuatro de mi ordenación sacerdotal, la riquísima variedad de situaciones en las que me ha dado celebrar la Eucaristía porque además del “ex opere operato” he podido gozar de una relación con Dios y mis hermanos en el “tecnicolor” de una liturgia renovada a la sombra de una espiritualidad encarnada como la que nos han mostrado y guiado los grandes de nuestra teología…