La tierra Yucana.

Tomado de: FURLANI, Alfredo. La Iglesia en Yucat. Córdoba, 2003, pág. ***.

En las coordenadas aproximadas del paralelo sur 32° 30′ y del meridiano oeste 63°30′, a unos treinta kilómetros hacia el suroeste de la ciudad de Villa María[1], tiene su asiento el casco de la Estancia Yucat –donde se yergue la Capilla–, sobre la margen izquierda del Río Tercero[2].

Río y Estancia están imbricados, histórica y geográficamente. Sin el río, Yucat no podría haber desarrollado sus potencialidades tal como lo hizo. Con una cuenca de 3.300 kilómetros cuadrados, es el más caudaloso de la provincia, con un promedio anual de 27 metros cúbicos por segundo, que llegan a una máxima mensual promedio de 50 en diciembre y enero.

Nace en la ladera oriental de las Sierras Grandes, en las cumbres de Achala. Luego de atravesar las Sierras Chicas por una estrecha garganta, desemboca en la llanura. Aquieta sus aguas, y discurre entre meandros y barrancas. Recibe el aporte del Saladillo; allí cambia su nombre por el de Carcarañá, hasta su desembocadura en el Paraná.

Algunos de sus antiguos brazos de desborde[3] han permitido la formación de lagunas, como a primera vista pareciera la Laguna Honda[4]. Esta última se encuentra enclavada en una zona deprimida, donde en tiempos remotos existieron brazos de desborde fluvial. Rodeada de vegetación, su inagotabilidad es proverbial. Durante un relevamiento subacuático confeccionado en 1992, se descendió a una profundidad máxima de cuatro metros y medio, con una media de tres metros, detectándose importante sedimentación[5]. Sin embargo, cuando en la década de 1940 Obras Sanitarias de la Nación intentó su desagote[6], se habría llegado a una profundidad entre 14 y 15 metros, percibiéndose un gorgoteo que evocaba el de un manantial[7].

Alrededor de esta laguna habría tenido su asentamiento una parcialidad aborigen, conocidos en el siglo XVII como los Yndios del Pueblo de Yucat[8].

Como tantos otros toponímicos de raíz autóctona en el Tucumán, el término Yuca o Yúcat no provendría de las lenguas aborígenes locales sino del quechua, que usaban los yanaconas al servicio de los conquistadores.

Yucay, verbo quechua, significa engañar simular. Y Yúcat, pueblo de indios, fue un paraje escondido, disimulado entre las barrancas del Río Tercero.

Con la llegada de los españoles, las tierras del Pueblo de Yúcat pasaron a ser un enclave[9] dentro de la extensa merced otorgada a Lorenzo Suárez de Figueroa y Antonio Suárez Mexía, el 5 de mayo de 1585[10]. No le fueron asignadas ya que no eran tierras vacas, es decir, estaban habitadas por los nativos. La parte del condominio perteneciente a Suárez de Figueroa se transfirió a su hija Catalina de Cabrera y Figueroa en calidad de dote, en el año 1594. En el 1600 se realizó la división del inmenso condominio[11]. A doña Catalina la heredaron sus ocho hijos, de los cuales, doña Lorenza casó con el acaudalado comerciante Juan López Fiusa en 1640[12]. Antes de heredar a su cónyugue, López Fiusa obtuvo en merced las tierras pertenecientes a los Indios de Yucat[13], cercano a donde establecería el casco de su estancia.

Conviene remarcar este dato: mientras que el resto de la primitiva merced a Suárez de Figueroa y Suárez Mexía pasó por diversas manos, lo conocido originariamente como Yucat pasó directamente de los aborígenes a López Fiusa –posteriormente fraile mercedario–, y de éste a la Orden de la Merced, como veremos a continuación.



[1] Dentro de la división política de la República Argentina, pertenece a la jurisdicción de la Provincia de Córdoba, departamento General San Martín, en la pedanía Yucat

[2] La toponimia aborigen lo habría designado como Ctalamochita. Según Mons. Pablo Cabrera, sin especificar la lengua de origen –quechua–, provendría de Talamuchi (molle). Cfr. Las aguas superficiales de mayor significación de la Provincia de Córdoba. Su toponimia. Informe del Instituto de Estudios Americanistas “Dr. Enrique Martínez Paz”, dependiente de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba. Citado en el Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores de la Provincia de Córdoba. Año 1984. N° 22, pág. 938. Ley 7105, del 12/9/84, proyecto de los senadores Parola y Basyre.

[3] Cfr. NIMO, Agustín. Arqueología de Laguna Honda. UNC. Córdoba, 1946, página 7

[4] Cfr. ibídem, página 11.

[5] Cfr. Archivo del Convento de la Merced de Córdoba. [En adelante ACMC]. Estancia Yucat. Monografías. Informe del Grupo de Exploraciones Sudatlánticas, mayo de 1992.

[6] Cfr. NIMO, Agustín, obra citada, página 10.

[7] Información brindada por el padre Gino Moletta, citando el testimonio de un señor Bruno y otros vecinos de la zona.

[8] Archivo Histórico del Arzobispado de Córdoba. [En adelante AHAC]. Legajo 5, tomo 1. Copia de la escritura de donación de López Fiusa al Convento de la Merced. Año 1774.

[9] Cfr. GRANADO, Pablo. Villa Nueva, un pueblo con historia, página 25.

[10] Cfr. PEDERNERA, José. Historia de la ciudad de Villa María, página 60.

[11] Ibídem, página 61.

[12] Ibídem, página 63.

[13] AHAC. Legajo 5, tomo 1. Copia de la escritura de donación de López Fiusa al Convento de la Merced. Año 1774.